El género femenino  y el género masculino aluden a aquellas ac- 
titudes, formas de pensar  y  de comunicarse, comportamientos, modos 
de vincularse, creencias, sentimientos, socialmente esperados para las 
mujeres y para los hombres en una cultura determinada.  

       
          Como señala el Lic. Jorge Corsi  (Violencia Masculina en la pareja.
Paidós, 1995,p.14), a los niños  se les prohibe llorar, mostrarse débiles,
temerosos o inseguros,  fracasar.   Por el contrario,  se les inculca que
deben ganar, luchar, competir, imponerse, conquistar, atacar, vencer...

          Las  niñas, en cambio, son educadas para ceder, pactar, coope-
rar, obedecer, cuidar...  Con las muñecas, las niñas aprenden a poner-
se en el lugar del otro.  Las abrazan, las miman, hablan con ellas, las  
arropan  porque  suponen que sienten frío,  les dan de comer,  porque
suponen  que  tienen  hambre,  las  hacen  dormir  porque  creen  que
tienen sueño.  

          En cambio ¿qué sentimientos  puede  generarle  a  un  niño  un
juguete de metal,  un autito,  un ferrocarril, o -en el peor de los casos- 
un revólver, un rifle?  ¿O  una  simple  pelota  que en sus juegos debe
siempre expulsar lejos de sí, ya sea con un puntapié o con sus manos?









     



 


          Este  tipo de educación diferencial recibida por las niñas  y  los  
niños  está  basada  en  los  estereotipos  de  género  existentes en la 
cultura patriarcal.

 
Emile Vernon, 1890-1920. Detalles de: "Reverie", "Beautiful Victorian Lady Roses", "Country Summer", "Pretty in Pink", "Summer Rose", "Country Spring", "The Cherry Pickers",  y " Under the Cherry Tree".
          Desde muy temprana edad niñas y niños aprenden que la mujer 
tiene  como  actividad  fundamental  aquella que se  relaciona  con la 
maternidad,  que  comprende las funciones:  biológica (reproducción), 
nutricia (alimentación), y  social  (crianza, educación y  transmisión de 
los valores culturales),  además de la función de ser el sostén emocio-
nal (contención)  de  los miembros de la familia,  a quienes cuida pos-
tergando sus propias necesidades,  propiciando con su apoyo el creci-
miento de su marido. (Burín, M.y Meler, Irene: "Género y Familia".  Paidós,
 1999, p.83)