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La seguridad de la víctima y sus hijas e hijos menores, y el hacer-
le tomar conciencia del riesgo que corren, deben ser los principa-
les motivos de preocupación de las y los profesionales. Por
ello es importante indagar sobre: existencia de armas de fue-
go en la casa; posibles redes familiares o de amistades que
puedan brindarles protección y apoyo; hablar con ella sobre
las opciones posibles y ayudarle a hacer planes en ese sentido.
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Darle el tiempo que ella necesite para tomar sus propias decisio-
nes. Los tiempos de la víctima y la decisión que ella finalmente
adopte deben ser respetados, aun cuando decida continuar vi-
viendo con quien la maltrata.
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La atención a la mujer víctima de violencia familiar debe cen-
trarse en ella, como persona que está siendo maltratada, y a la
que hay que atender prioritariamente. Debe tenerse en cuenta
que antes que madre o esposa es una persona que está vivien-
do una situación que la deteriora, la degrada y la enferma y
que puede costarle la vida.
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En los casos de violencia familiar no es posible la mediación, en-
tre otros motivos, porque la presencia del agresor intimida a la
víctima, la paraliza, e impide que ella pueda expresarse. No
puede mediarse en condiciones de asimetría entre las partes
involucradas.
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Tampoco es posible, en casos de violencia familiar, realizar
psicoterapia familiar en sesiones que incluyan al agresor.
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